1.-
los saltos de linea.
Carlos Salinas de Gortari (n.
Ciudad de México;
3 de abril de
1948) es un economista mexicano que ocupó la
presidencia de México del
1 de diciembre de
1988 al
30 de noviembre de
1994. Fue titular de la
Secretaría de Programación y Presupuesto en el gobierno de
Miguel de la Madrid y posteriormente, siendo postulado candidato por el
Partido Revolucionario Institucional en
1987, fue electo Presidente de México el
6 de julio de
1988.
Durante su sexenio se darían importantes cambios económicos, entre ellos la firma del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte, una privatización masiva de empresas estatales incluida la banca, la implementación del Programa Nacional de Solidaridad de combate a la pobreza, y el restablecimiento de las
relaciones Iglesia-Estado y diplomáticas con el
Vaticano.
Fue el último presidente al que se le asignó una partida presupuestal cuyo gasto no estaba sujeto a comprobación, denominada comúnmente "partida secreta". Sin embargo, en las administraciones subsecuentes a la suya, este tipo de gasto ha sido ejercido en Secretarías de Estado con fundamento en el artículo 74 constitucional.
[1]
Aunque se retirara de la vida pública de su país al finalizar su sexenio, durante los últimos años ha tenido apariciones públicas por invitación de instituciones tanto mexicanas como de otros países. Tal es el caso de sus ponencias dadas en la
Universidad de Oxford,
[2] El Centro de Estudios Espinoza Yglesias,
[3] la
Fundación José Ortega y Gasset,
[4] así como en el marco del Vigésimo Aniversario del
Instituto Federal Electoral,
[5] entre otras. Actualmente el ex presidente se desempeña como consejero ejecutivo del
Grupo Dow Jones y vive con su segunda esposa, Ana Paula Gerard Rivero.
El
12 de mayo de
2009 se desató una polémica en torno a su persona y la de su hermano
Raúl Salinas de Gortari, por declaraciones de su antecesor, el ex presidente
Miguel de la Madrid Hurtado, sobre el desempeño de Salinas de Gortari como presidente. Éstas, de las que al día siguiente se retractara el propio de la Madrid Hurtado, incluían acusaciones de desvío de recursos, corrupción y vínculos con el narcotráfico.
[6]
Educación y primeros años en la política
Nació en la
Ciudad de México el
3 de abril de
1948, sus padres fueron
Raúl Salinas Lozano,
senador y secretario de Estado, y Margarita de Gortari Carvajal, profesora y perteneciente a una familia de gran prestigio en el ámbito cultural de su época. Su familia se encargó de guardar con extremo celo un delicado episodio de esta infancia: mientras jugaban a “la guerra”, los niños Gustavo Zapata Rodríguez, Raúl y Carlos Salinas de 8, 5 y 4 años de edad, respectivamente, le dispararon con un rifle calibre 22 a una jovencita llamada Manuela de 12 años,
sirvienta de los Salinas, causándole la muerte.
[7]
Estudió en el plantel nº 1 de la Escuela Nacional Preparatoria con sede en el
Antiguo Colegio de San Ildefonso, y luego obtuvo el título de Licenciado en Economía por la
Universidad Nacional Autónoma de México, cuando
Ifigenia Martínez dirigía la Escuela Nacional de Economía de la
UNAM, en
1970. Continuó sus estudios en la
Universidad Harvard, donde obtuvo la maestría en administración pública (
1973), la maestría en economía política (
1976) y el doctorado en economía política y gobierno (
1978). Cabe destacar que todos sus estudios los terminó con mención honorífica.
[cita requerida] De regreso en México, trabajó como catedrático en varias universidades y comenzó a escalar posiciones en el gobierno federal. En
1982, su antiguo profesor en la
UNAM,
Miguel de la Madrid, fue elegido presidente de México y Salinas fue nombrado Secretario (Ministro) de Planeación y Presupuesto.
Carlos Salinas fue designado candidato a la presidencia de la República del
PRI, el 4 de octubre de 1987.
Elecciones de 1988
Carlos Salinas ascendió a la presidencia en una de las elecciones más polémicas de la historia reciente de México. La elección se llevó a cabo el
6 de julio de
1988; luego de una inestabilidad económica de más de 10 años, la estructura del PRI se debilitó y por primera vez en la historia moderna de México se vio la candidatura de
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como una posibilidad real de asumir la presidencia de la república.
La noche de la elección, los datos que liberaba la
Comisión Federal Electoral por medio del secretario de Gobernación
Manuel Bartlett Díaz fueron interrumpidos. A las 20:00 horas del mismo día, se presentaron en la sede de la Secretaría de Gobernación los candidatos
Manuel Clouthier,
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y
Rosario Ibarra denunciando la ilegalidad del proceso. En los días posteriores a la elección, se realizaron diversas manifestaciones expresando el descontento por la manera en que se llevó a cabo la elección.
El resultado oficial fue 50 por ciento para Carlos Salinas, 31 por ciento para Cuauhtémoc Cárdenas y 17 por ciento para Manuel J. Clouthier.
Las boletas de votación, que la oposición exigía se hicieran públicas para aclarar las anomalías, fueron destruidas por decisión de la Cámara de Diputados.
Presidente de México (1988-1994)
Reducción de la deuda
En 1982 el pago anual por pago de intereses de la deuda externa era de 14 000 millones de dólares, entre 1983 y 1988 se destinó casi el 7% de
PIB para su pago, el monto de lo destinado era casi el equivalente a lo destinado en salud y educación para todo el país, para inicio del sexenio de Salinas el monto de la deuda era del 45% del
PIB. Lo cual hacia necesario una reducción de esta deuda para lograr un crecimiento económico. Después de casi 4 años de largas negociaciones con el
FMI, políticos de Estados Unidos, mandatarios de países como
Francia,
Alemania,
Canadá,
Japón,
Gran Bretaña, otros países y con bancos comerciales en 1992 se llegó a un acuerdo y se logró una reducción de más de 7000 millones de dólares, debido a este logro la deuda se disminuyó a 20 000 millones de dólares. Con esto se logró que la deuda total (externa e interna) pasara de 63% del
PIB en 1988 a 22% en 1994 y los pagos de intereses pasaron de 17% del
PIB a 9.8% en 1994.
[8]
Liberalismo social
El sexenio de Carlos Salinas marcó un claro parteaguas respecto de las gestiones priístas previas, especialmente las de
Luis Echeverría Álvarez y
José López Portillo en la medida que rompió con el discurso y la ideología del nacionalismo revolucionario que todavía con
Miguel de la Madrid trató de presentarse como el soporte ideológico del priísmo.
Salinas, en cambio, adelantó una serie de tesis que él mismo englobó bajo la categoría de "
liberalismo social" que buscaba recuperar lo mejor de las tradiciones ideológicas del liberalismo
juarista del
siglo XIX y de la
Revolución Mexicana del
siglo XX. En este sentido, Salinas pronunció una serie de discursos durante
1991 y
1992 que sirvieron de soporte para impulsar algunas de sus más ambiciosas reformas. En un sentido, la que puso punto final a la reforma agraria, concebida ya desde tiempos de Echeverría más como un instrumento de control social que como uno de efectiva solución de problemas en el agro mexicano. Formó parte de esa ofensiva ideológica también la iniciativa para reformar las relaciones del Estado con las iglesias, especialmente la católica, aunque en este punto es donde es posible observar mayores tensiones entre la recuperación del juarismo propuesta por Salinas y las políticas desarrolladas por su gobierno.
Salinas se inspiró para articular su propio concepto de "liberalismo social" en los trabajos de
Jesús Reyes Heroles,
Otto Granados Roldán (director de Comunicación Social durante los primeros años de su gestión) y
José Francisco Ruiz Massieu (quien jugó un papel clave en la reforma de la relaciones Iglesia-Estado).
Privatizaciones
Hacía 1984, el gobierno federal era propietario u operaba poco más de 1150 empresas de todo tipo, desde cadenas y productoras de cine y televisión, hoteles, inmobiliarias, mineras, ingenios azucareros, automotrices, siderúrgicas, pesqueras, transbordadores, e incluso el conocido centro nocturno
El Patio de la ciudad de México, también fue el caso de la
Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas,
Petróleos Mexicanos o
Comisión Federal de Electricidad.
La crisis de
1982 obligó al gobierno federal a nacionalizar la banca, con lo que la participación del Estado en la economía creció todavía más. En otros casos, sin embargo, el gobierno, lo mismo el federal que el del
Distrito Federal y los de los estados, se convirtió en dueño de empresas como medida para evitar la quiebra de empresas privadas que se consideraba jugaban un papel importante para la economía del país o que simplemente empleaban a un número importante de personas.
Esta dinámica se vio favorecida por dos procesos. En un sentido, por la sobrevaluación del
peso mexicano que ocurrió ya durante los últimos años del gobierno de
Gustavo Díaz Ordaz y de manera más clara durante los primeros años del gobierno de Echeverría, quien expandió el control del Estado sobre la economía al hacerse cargo de Teléfonos de México. La sobrevaluación hacía que las mercancías mexicanas fueran más caras que las que se producían en otros países. No sólo eso, gracias a las políticas de industrialización seguidas desde el gobierno de
Lázaro Cárdenas (con un alto componente de protección a la industria nacional), las empresas mexicanas habían perdido calidad y eficacia.
Esta dinámica estuvo a punto de romperse con la decisión de Echeverría de devaluar el peso justo antes de que terminara su gestión en
1976. Sin embargo, su sucesor, López Portillo decidió utilizar los recién descubiertos excedentes petroleros para mantener intocadas las políticas industriales y comerciales que había heredado de sus predecesores.
Todas estas empresas operaban con déficit por lo que se mantenían gracias a una inyección constante de fondos públicos obtenido por medio de deuda, excedente petrolero o, en los peores momentos del periodo 1970-1982, por medio de la emisión de billetes y monedas sin sustento. Ello hizo que para 1982, el déficit público primario fuera de más del diez por ciento del Producto Interno Bruto. Cerca de un 70 por ciento de este déficit provenía del sector paraestatal.
[9]
Con los ingresos de las privatizaciones se obtuvo casi el equivalente a 23 000 millones de dólares,
[10] los cuales fueron utilizados para amortizar la deuda pública interna. Con estos recursos se logró una disminución de la deuda interna, en 1988 era del 19% y para 1994 fue del 6%.
[11] Dando como resultado una disminución de los pagos de intereses y logrando un crecimiento en el gasto social.
Privatización de Telmex
En 1990,
Telmex era una empresa con varias décadas funcionando y con solo 16 años de pertenecer al sector público, el servicio prestado por la empresa era motivo de frecuentes disputas como se puede observar en la cantidad de demandas que la empresa enfrentaba en la Procuraduría de la Defensa del Consumidor, así como por los tiempos de espera, en ocasiones de más de 10 meses, para conseguir una línea. En los primeros años de la administración Salinas de cada 10 hogares 8 no tenían teléfono y había hasta un millón de solicitudes pendientes. La gestión pública de Teléfonos de México, además, estaba plagada de dudas y sospechas acerca de la transparencia en el manejo de los recursos
La venta fue hecha a través de una subasta publica. A pesar de que varios grupos extranjeros ofrecieron cantidades mayores para la compra de Telmex, uno de los requerimientos determinantes era que la propiedad mayoritaria quedara en manos mexicanas, es por eso que de los grupos con control accionario mexicano, la mayor fue la que encabezaba el
Grupo Carso, propiedad del empresario
Carlos Slim, por lo que éste fue declarado ganador.
Con motivo de esta privatización se inició la modernización de la telefonía en México. En los siguientes años el número de poblaciones rurales atendidas pasó de 6350 a 21 263; los teléfonos públicos llegaron a más de 200 000 en todo y se inició la instalación de una red de fibra óptica que ahora cubre las ciudades más importantes del país.